LA IMBORRABILIDAD, esencia de VACÍO.

 

Casi todo es vacío, y sin embargo, tendemos a pensar que el espacio está lleno, el universo lleno de estrellas, la atmósfera de aire, la tierra de vida. Como la visión es al fin y al cabo un proceso mental, resulta que visualizar el vacío, es en sí mismo imposible, pues esto implicaría o bien mirar de forma ciega, o dejar de percibir el contenido -dado que la propia ausencia de materia no generaría luz de forma alguna-.

De hecho, solemos asociar el vacío a la ausencia, más que a la falta de materialidad, y cuando consideramos vacío el espacio lo hacemos por la no presencia de objetos. Es más, para comprobar el vacío, lo destruimos entrando en él (sólo abriendo un frasco sin nada podremos estar seguros de que nada había).

De considerar vacío un espacio, rigurosamente hablando, tendríamos que desnudarlo también de continente, de paisaje, no es suficiente con desproveerlo de objetos o de "aire". Y si anular el contenido puede resultar difícil, borrar el paisaje, los límites que contienen la realidad, es físicamente imposible.

A pesar de todo esto, el vaciado triunfa como elemento indiferenciador de las sociedades y de las culturas. De manera inconsciente, paradójica y refleja, la sociedad actual parece caminar contradictoriamente: Por una parte la densidad de materia aumenta de manera escalonada (basta ver el planisferio lumínico de la Tierra para comprender cómo se ha ido llenando el contenido planetario) mientras que por otra parte los límites y los paisajes reconocibles -y no marginados- se difuminan (a medida que la velocidad de las relaciones entre lugares se amplían, a medida que la información que recibimos es más compleja y borrosa, a medida que los sentidos quedan relegados a la experiencia directa y a medida que la memoria colectiva -paisaje mental- se diluye en un mar de paisajes inventados).

¿Qué podríamos considerar entonces como poesía para el vacío? Tradicionalemte, lo lógico sería asociar esta forma de pensamiento poético a la acción de dejar huecos para el silencio, tratando de expresar más con la ausencia de lenguaje que con el lenguaje mismo.

Pero esto nos llevaría a un callejón de difícil salida, pues una vez admitido que es quimérico encontrar el vacío, y al mismo tiempo es utópico e inverosímil no admitir la dilucción de los continentes, la única opición que nos quedaría -para ser coherentes- sería la inacción y el silencio absoluto. A no ser que de nuevo, reformulemos el concepto de paisaje, y lo establezcamos dentro de unos límites perfectamente definidos -mentalmente-. en los cuales silenciar lo realmente valioso, lejos de todo ruido visible.

Esto último, qué duda cabe, nos empuja también a la redifinición del concepto de memoria poética, íntimamente relacionado con el lugar en el que las palabras transcurren, para acabar admitiendo, de nuevo, la contradicción: que sólo lo "perfectamente" limitado puede albergar silencios de vacío y que sólo lo absolutamente in-memorable, de imposible recuerdo dentro de la exactitud, es vacío. Es decir, que para llegar al vacío tendríamos que construir contimentes herméticos, asunto totalmente apoético, sin duda.

Hace años, y durante algunos días, me propuse llevar a cabo la siguiente acción: Se trataba de pintar de blanco una pared en una calle. Pero no era una pared cualquiera, en ella estaba escrito: PROHIBIDO FIJAR CARTELES; yo había añadido "Y POEMAS".

prohibido fijar carteles y poemas

 

La acción consistía en borrar cada día y a la misma hora la acción (pintando de blanco encima del texto "y poemas") para al día siguiente volver a escribir esto mismo en la misma pared, de forma que día sí, día no, permaneciese visible el mensaje.

Esta simple acción la repetí durante un mes. Mi objetivo no era otro que llamar la atención del visitante sobre el vacío, el blanco poema (la nada), única manera "imborrable" de fijar, y a la vez solicitar la escritura permanente mediante la negación de la acción.

No tuve suerte, nadie se atrevió a colocar poema alguno, tampoco cualquier otra información. La acción pasó -al menos aparentemente- desapercibida, a pesar de tratarse de una calle con bastante tránsito.

Nunca estuve seguro de haber conseguido algo con aquello. En el fondo, he de reconocer, tampoco entonces era consciente del contenido implícito de la propuesta. Sólo después de bastantes años de malogrado recuerdo he logrado comprenderla.

El vacío, de manera inexplicable, no deja de ser un inquietante lugar que a lo largo del tiempo impermanece. Es su imborrabilidad lo que le confiere inigualable fuerza memorística y capacidad para la enraizada existencia.

 

Julio Fernández Peláez, Junio 2008